LA HISTORIA Y EL NACIONALISMO LIBERAL



El otro día en clase trabajamos sobre un artículo muy interesante sobre la historia y el nacionalismo liberal y creemos que es una buena idea presentar por aquí las ideas principales del capítulo 1 del artículo:

·         El siglo XIX es el siglo de la historia además del nacionalismo y del Estado-Nación.

·         La historia nacional se convirtió en una disciplina académica que se incorporaría al plan de estudios oficial. La enseñanza de la historia se empleó para transmitir las ideas aprobadas oficialmente sobre los orígenes y la identidad nacionales, el estado, los derechos y deberes que comportaba la ciudadanía.

·         Aparecieron los historiadores y se comprometieron con la metodología positivista y la búsqueda de la verdad “objetiva”. Consideraban que debían encargarse de criticar aquellos datos de la historia que no tuvieran una base empíricamente verificable.

·         La historia nacional que se enseñaba en las escuelas tenía una función política: justificar las relaciones de poder, interpretándolas como un resultado inevitable de los triunfos y las derrotas de la nación en el pasado.

·         El sistema educativo no fue capaz de transmitir un mensaje unificado sobre el pasado nacional, por lo que la enseñanza de la historia se convirtió en una fuente más de enfrentamientos políticos y divisiones. Aunque también tenía un valor pedagógico puesto que también servía para ejercitar la memoria.

·         Los historiadores ilustrados pensaban que el conocimiento de la verdadera historia del país prepararía a los jóvenes españoles para servir a la patria.

·         Se recurría en la educación secundaria y primaria a diversos textos y autores clásicos para adquirir capacidad intelectual y una cierta doctrina natural, civil y moral. Estas recomendaciones no tuvieron un efecto inmediato en ningún nivel de la educación, y en la mayor parte de los colegios, casi todos a cargo de órdenes religiosas, se seguía dando prioridad a la historia sagrada y clásica.

·         Para garantizar que la nación política ejerciera sus derechos de forma responsable, la junta de Instrucción Pública, publicó un informe que recomendaba la creación de un sistema educativo gratuito y homogéneo dividido en tres niveles: enseñanza primaria, basada en brindar a los alumnos una formación básica y clases en moralidad y religión; enseñanza secundaria, preparatoria para la universidad; enseñanza “terciaria” donde se incluye la universidad y estudios profesionales. Pero la ley Moyano de 1857 reflejó el concepto restrictivo de la “nación” pues este sistema de tres niveles reflejaba y reforzaba las divisiones de clase existentes en la sociedad española.

·         A lo largo del siglo XIX, numerosos historiadores afirmaron que “el que desconoce la historia de su patria es una extranjero en ella”.

·         La historia de España se implantó como asignatura obligatoria en el plan de estudios de 1836. La historia fue dividida en dos subdisciplinas: la nacional y universal.

·         Las horas dedicadas a la historia de España en la educación eran escasas puesto que las clases medias españolas pedían un programa de estudios breve y poco exigente que permitiera a sus hijos acceder a un empleo remunerado lo antes posible.

·         Progresistas y conservadores coincidieron en la necesidad de inculcar a los estudiantes una versión compartida del pasado nacional, como consecuencia los libros de texto cobraron cada vez más importancia. Estos eran el principal medio de transmisión de conocimientos en la enseñanza media.

·         La obtención del título solo dependía de aprobar los exámenes anuales. La clave del éxito consistía en memorizar el libro de texto para enfrentarse a los exámenes (como ahora en casi todas las asignaturas).

·         Las divisiones políticas, religiosas y dinásticas hicieron que resultara difícil dar con un programa educativo aceptable para todos en cuanto a la enseñanza de la historia.

·         Por tanto lo que dominó en la Restauración fue la inacción.

 

                                                                                                                                 Alicia Molina Muñoz

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